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Mi historia a partir del cáncer - Testimonio Anónimo

Cuando el Dr. Efraín Cambronero me pidió que contara mi experiencia como sobreviviente de cáncer de mama pensé que debía intentarlo, principalmente si con ello podía ayudar a otras personas que estuvieran pasando por una experiencia similar; pero lo cierto es que una vez que salí de su oficina sentí que no podía hacerlo, al menos como él lo esperaba. Poseo una memoria muy corta y tengo que hacer un gran esfuerzo por recordar hechos pasados, en este caso, hechos que tuvieron su origen hace casi 30 años.


Sin embargo, debo reconocer que mi forma de ver la vida, en donde el pasado tiene poca importancia porque ya pasó, y el presente es el que me permite vivir, construir e influir sobre el futuro, me ayudó a enfrentar el tratamiento de quimioterapia y radioterapia como una experiencia que debía enfrentar día a día sin descuidar mis responsabilidades familiares y laborales. No me sentí víctima, sino protagonista de una historia que estaba por escribirse, y que fuera cual fuese el resultado me ocuparía de hacerlo lo mejor posible.


Recuerdo el proceso desde que en diciembre de 1990 descubrí una pequeña pelotita en mi seno y la inmediata visita al ginecólogo. El tratamiento que me recetó, creyendo que se debía a un problema de fibrosis. El aumento acelerado de la pelotita que en un mes se convirtió en una masa bastante grande, y la visita inmediata a otro ginecólogo para asegurarme que el diagnóstico fuera el correcto.


El segundo ginecólogo que visité me llamó la atención por la forma tardía en que estaba atendiendo el problema. A pesar de que yo sabía que si estaba ahí era por mi responsabilidad y deseo de actuar de manera oportuna, preferí callar, de hecho, sentía que el tiempo debía emplearse en actuar y no en valorar el pasado.


No recuerdo si ese mismo día o el siguiente me valoró el oncólogo Dr. Alberto Gámez L. Con carácter urgente me solicitó hacer varios exámenes cuyo resultado, en principio, descartaban un posible cáncer. Él trató de tomar material con una jeringa para hacer una biopsia, pero la aguja no penetró o no pudo obtener material, no recuerdo bien, por lo que con una cirugía ambulatoria extrajo lo necesario que al ser analizado confirmó el diagnóstico.


Recuerdo muy bien la llamada telefónica del Dr. Gámez en la que me confirmó lo que ya yo sospechaba. Le pregunté si existía alguna probabilidad de vencer el cáncer y me contestó que 50/50. Con esa información y tomando en cuenta algunas otras cosas que me preguntó acerca de mi entorno familiar y laboral supe que mi pronóstico no era el mejor.


Aunque no tenía experiencia reciente de cáncer en mi familia había leído sobre casos de mujeres que habían logrado una sobrevida de hasta cinco años. Pensé que mientras hubiera algo de esperanza debía hacer todo lo que estuviera a mi alcance para lograr el mayor tiempo posible al lado de mis hijos, que para entonces tenían 8 y 12 años de edad. Como siempre he sido una persona bastante pragmática, y teniendo vivo el recuerdo de mi padre que siempre me decía que "a Dios rogando y con el mazo dando", de inmediato tomé varias decisiones para enfrentar el proceso de quimioterapia que debía empezar de inmediato. El cáncer no era operable, por lo que el tratamiento de quimioterapia era el primer paso para combatirlo.


Conté con el apoyo incondicional de mi esposo y de la familia de ambos. Atendiendo mi solicitud aceptaron mantener en reserva, en la medida de lo posible, el proceso por el que estaba pasando. Yo quería seguir mi vida lo más normal posible, no deseaba que me trataran con lástima, ni que mis pequeños hijos tuvieran que enfrentar preguntas para las que ellos no estaban preparados. En ese momento no me estaba muriendo y habría tiempo para cambiar estas decisiones conforme las circunstancias lo fueran determinando. También me ayudaron para que mis hijos no participaran de los momentos difíciles del tratamiento, ya que cada vez que me aplicaban la quimioterapia el vómito que me provocaba era impresionante.


Durante los seis meses que duró el proceso de quimioterapia, y los meses siguientes con la radioterapia, seguí trabajando, solo tomando la mínima incapacidad posible y necesaria para reponerme de cada aplicación. Recuerdo la experiencia de ir al trabajo después de la primera aplicación. Debía manejar desde Grecia hasta San José, nada difícil en condiciones normales, pero me sentía tan débil que me temblaba el pie cuando hacía el esfuerzo de pisar el acelerador. Ese día, que decidí continuar a pesar de mi falta de fuerza, fue el primer día en que sentí esa gran fuerza mental que me inducía a continuar el camino con optimismo hasta donde Dios me permitiera llegar.


Se me cayó el pelo; tuve que recurrir a una peluca que gracias al apoyo de una compañera de trabajo logré conseguir, era bastante natural, me hacía sentir a gusto y gracias a ella pocos compañeros se dieron cuenta de mi condición.


Recuerdo que al concluir los tratamientos de quimioterapia y radioterapia ya no se palpaba ninguna masa en mi pecho. El médico tratante en el Hospital San Juan de Dios me informó que el consejo de médicos del área de oncología había decidido darme de alta y que seguiría en control. Sorprendida de la noticia le pregunté al médico que si no sería que se habían equivocado en el diagnóstico y que lo mío no era cáncer. La respuesta del doctor me sorprendió aún más, me dijo que mi cáncer era de lo más agresivo que había, que yo lo había hecho, que mi sistema inmunológico había contribuido de manera decisiva.


Fue después de esa consulta que el Dr. Gámez decidió hacer una biopsia y, debido a que aún prevalecían algunas células con capacidad de reproducirse, me realizaron una mastectomía total en mi seno izquierdo. Aunque siempre me ha gustado sentirme y verme bien, la pérdida del seno no me causó ningún efecto negativo en mi autoestima, salvo las molestias propias de tener que adaptar mi ropa interior a esta nueva circunstancia. Un año después me realizaron la reconstrucción.


A partir de entonces continué con control periódico. Al principio y durante bastantes años planifiqué mi vida en un horizonte de muy corto plazo. Ahora vivo mi vida dando gracias a Dios por la salud y tratando de obtener satisfacción por todo aquello que hago día a día.


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